No sé si haya mucha gente que piensa como yo. De hecho, nunca he manifestado abiertamente mis opiniones sobre el fenómeno Web 2.0, pero estoy seguro que a más de uno no le harían ninguna gracia. No me malinterpretéis, la Web 2.0 es maravillosa, estupenda y graciosísima, con sus suaves degradados, bordes redondeados, con su jerga parabólica y su ‘interacción social’. Hay un pequeño problema: escribir a máquina también era maravilloso, pero llegó el momento de renovarse y desapareció el hábito de escribir a rodillo. ¿Me seguís? Escribir de forma mecánica prevaleció, pero la máquina en sí tuvo que ser renovada y murió.

La Web 2.0 no es inmortal, como muchos la quieren mostrar. Hay cosas que en el mercado van y vienen, y la Web 2.0 es un fenómeno, fenómeno, que está condenado a desaparecer más tarde que temprano. Ah, pero cuando se habla de “Dospuntocero”, todo el mundo dirige su vista a los blogs, y las cosas no funcionan así. Web 2.0 fue, como dice su propio nombre, una mejora del antiguo Internet y, sobretodo, una nueva forma de enfocar su desarrollo; sin embargo, no representa ninguna mejora en la distribución de la información. Eso es algo que los blogs sí consiguieron, y hay más de una razón para creer y saber que los blogs no son parte de la Web 2.0. Son una revolucionaria forma de publicar diarios, bitácoras propiamente, y no un derivado de las redes sociales o la interaccion 2.0, ni de los estupendos decorados CSS.
Es obvio que Internet necesita pasos para desarrollarse, pero nos hemos quedado estancados en el 2.0. La gente está tan contenta y tan entusiasmada con un concepto tan abstracto y misterioso, y, repito, con sus bordes redondeados y colores suaves, que no piensa en renovarse y dejar a un lado el 2.0. Ya no hablo de 3.0, no nos precipitemos, pero… ¿2.5? Algo se podrá hacer, ¿no?
Si mencionamos a las webs que se auto-califican de 2.0 y no lo son, podemos ver que son pocos los que han actualizado su forma de ver la Red y muchos los que se han agarrado a la parte trasera del carro y han ido pregonando su súper-mega-estilo a lo más 2.0.
Una noticia: no hace falta ser 2.0. Con ser Web, sobra. Al fin y al cabo, 2.0 es una versión y vamos a tener que actualizarnos.
El próximo paso… ¿cuál será? ¿Una auténtica web semántica?